lunes, 21 de abril de 2008

Anecdotas de micros

La cuentista de la 104

Por Cecilia Rodríguez U.

Como es costumbre en mi trayecto a la U iba sumergida en mis pensamientos, pensamientos locos, muchas veces sin importancia o con cero sentido racional; y sin más compañía que mis fieles audífonos. Cuando de un momento a otro, entre los estruendos de mi música, escuché la voz de una mujer que hablaba o más bien gritaba. Interesada en saber que sucedía me quite un audífono y pude entender que aquella mujer era una artista callejera, la cual se hacia llamar cuentista. Pedía que los pasajeros escucháramos sus cuentos a cambio de alguna remuneración voluntaria.
Llamo tanto mi atención esa mujer, de unos treinta y tantos años, de estatura baja, delgada contextura y que de sus ropas desprendía un molesto olor a marihuana, que, como nunca, decidí parar la reproducción de mi mp4 para escucharla.
Al rato de oír sus cuentos me arrepentí, no tardo más de cinco minutos en contar sus dos cuentos que definitivamente no fueron lo que esperaba. Pobre mujer!, sentí tanta tristeza al escuchar sus relatos, no eran más que historias de penas, frustraciones, actos reprimidos y sentimientos feos que ya en el mundo hay de sobra.
Dio las gracias. Volví a mi música, triste, pero ya no arrepentida de haberla escuchado, me sentí distinta, con ganas de hacer un cambio, me sentí capaz de crear historias que sanen, historias que alegren, que ilusionen, que encanten, incluso, historias que enamoren.
Saque de mi banano una rezagada moneda de cien pesos. Ella la recibió con una sonrisa, seguramente una falsa sonrisa, como ella misma lo mencionó en uno de sus cuentos. Yo le respondí también con una sonrisa, la sonrisa más sincera que he regalado.