El lado verde de la capital
Santiago en 40°
Por Cecilia Rodríguez U.
Un paseo por lo que se puede llamar “el secreto a voces de la capital”, aquellos lugares que plagan la ciudad –el centro en particular- de manera escondida, camuflada, pero sin embargo es conocimiento de muchos, el hecho de que existen y que son muy frecuentados.
Una aventura que invita a quienes tienen las ganas y el deseo de entrar en este mundo algo escandaloso, del que sólo los más desvergonzados se atreven a ser parte, sin pudores y sin nada que esconder. Haciendo caso nada más que a sus instintos, que muchos reprimen por temor al que dirán.
¿Estas solo?, ¿aburrido?, ¿ya la televisión no tiene nada entretenido para mostrarte?, ¿hay ratos en que piensas seriamente en sacar el espíritu lujurioso que llevas dentro? Ese que sientes casi como un placer culpable y el cual te da vergüenza confesar. ¿Te atreves a salir de la rutina y experimentar algo que quizás es nuevo para ti?
Santiago, la cuidad más importante del largo y angosto Chile, tiene mil opciones para que dejes los pudores y tabúes a un lado y te unas a este recorrido candente por la capital. Si no es lo tuyo, lo puedes olvidar, pero si no lo has probado, no podrás opinar. Bienvenido a Santiago en 40°.
Un café que levanta algo más que el ánimo
Para empezar con ganas el día, ¿qué mejor que tomar un café? Y para quienes les gustan esos cafecitos un poco subidos de tonos, tempranito en la mañana ya se encuentran abiertos para el público los míticos cafés con pierna, cosas que en el centro de la capital son como una plaga. En cualquier esquina si no hay una farmacia, hay de seguro un café.
Y por supuesto no son cafés comunes y corrientes, son de esos lugares en donde se ven sólo mujeres atendiendo, en un mesón que rodea las máquinas de café, vistiendo unas prendas que son totalmente ajustadas, cortas y escotadas, he ahí, el nombre de “café con pierna” y claro, son un atractivo lugar de juntas masculinas, para aquellos amantes del café que aprovechan de recrear la vista con las desvergonzadas camareras.
En Chile existen hace años estos tipos de locales, el primero fue el “café Haití”, vigente hasta estos días, tiene alrededor de 10 sucursales, la mayoría ubicada en el centro de Santiago y es también uno de los cafés con piernas más recatados que se pueden encontrar. “Yo siempre vengo acá porque me queda a la pasada de la pega y es rico pasar después de almuerzo a tomarse un cafecito y disfrutar de la compañía de estas chiquillas que son muy simpáticas aparte de buenas mozas” confiesa Agustín Miranda, un cliente frecuente de “Café Haití”, que debe tener unos cuarenta y tantos años.
También comenta que ha visitado otros café con pierna pero que, “esté local es más decente que otros, aquí las niñas son más recatadas, usan ropa corta y ajustada, pero en otros andan prácticamente en colaless”. Así, tal como lo comenta Agustín, existen locales en los que las camareras andan con un bikini, que les tapa con suerte el pezón y para abajo con un colaless, que no deja nada a la imaginación. En lugares como estos, no hay como ver lo que sucede dentro, tiene todas las ventanas y puertas tapadas y el ambiente que se vive en lugares como ese, no son como los de cualquier café.
“Trabajé como cuatro meses en el Haití de Bandera (la calle) y después por problemas de horarios no pude seguir ahí, entonces una amiga me dijo que fuera al Macumba, que es otro café con pierna, porque necesitaban gente, así que partí po, pero ahí tenia que estar casi desnuda atendiendo a la gente y los hombres que frecuentaban ese lugar eran otra onda, no me gustó para nada, era mucho para mi, a ese lugar le falta poco para ser cabaret”, cuenta Johanna Troncoso, ex trabajadora de un café con pierna.
Si la idea es tomarse un café en compañía de señoritas agradables, como lo comentaba Agustín, el “Café Haití” es una buena opción, en cambio si la idea es visitar un lugar en donde la cafeína pase a segundo plano, existen varios locales en donde se pueden probar cafés que levantan algo más que el ánimo.
Lujuria en pantalla grande
Luego de haber despertado, y haber inyectado una buena dosis de cafeína al cuerpo, la temperatura puede quedar un poco alta, por la forma de atender de aquellas peculiares camareras, por lo que aprovechando la ubicación se puede pasar a ver una película, pero no a cualquier cine, más bien a un cine porno.
Ahí mismo en el centro, por la calle Huérfanos esta el portal Edwards, dentro y rodeado de locales como en todas las galerías comerciales, se ubica el cine Roxy. Para ingresar al recinto hay que bajar unas escaleras que por los costados, en las paredes, brinda al público la cartelera de las películas que se están exhibiendo. Títulos como “Más allá del beso”, “Infierno caliente” y “Ultra ardientes del futuro”, entre otras, resaltan a la vista entrando al cinema.
En cosas de segundos, al ir bajando los peldaños, se puede sentir un desagradable olor a humedad, y ahí, a los pies de las escaleras hay una sala con algunos asientos y sillones, al más puro estilo de los años sesenta, con columnas tipo griegas que sostienen la infraestructura de este subterráneo cine.
Dentro del cine se ven solo cabezas de hombres: canosos, obesos, estudiantes, pelados, adultos, jóvenes. La única mujer del lugar, es la que se encuentra fuera de la sala de cine, que es quien vende los boletos, es una señora de mirada esquiva, algo seca, pero segura al responder, “Aquí deben venir alrededor de 30 o 35 personas por día, y se ve de todo, desde el niño con más cara de inocente que llega con uniforme de colegio, hasta el viejo más verde que se puedan imaginar”, señala la boletera, y agrega que “muy pocas mujeres vienen, nunca solas, siempre con sus parejas, pero de todas formas se ven mujeres”.
También confiesa que, lo que no le gusta de su trabajo, como boletera de un cine triple x es que “algunos clientes creen que por ser mujer y trabajar en un cine porno, esta dispuesta a todo, a mí me han hecho miles de insinuaciones que no soy capaz de repetir”.
Al interior de la sala de cine, tras unas enormes cortinas negras, la película estaba en su máximo clímax, un fornido hombre repleto de músculos que follaba de múltiples maneras a una rubia ensiliconada, dejándola casi agonizante de placer. Era lo que la pantalla mostraba y mientras los gritos de los protagonistas iban aumentando, el movimiento en la sala era cada vez más agitado, hasta que el actor terminó de saciar su placer – que parecía nunca acabar - volvió el silencio y la tranquilidad al recinto.
Sexo para llevar
¿Quien no ha tenido una -o más de una- fantasía sexual? Si se trata de disfraces, accesorios, juegos o hasta peluches, con tono erótico, hoy en día existen varios locales comerciales que brindan estos tipos de productos.
Estos negocios que lucran con el sexo de manera legal pero bastante controversial, son los ya muy reconocidos Sex shops, o “tiendas de sexo”, que sería su traducción al español. Llegaron a Chile hace menos de una década, causando gran revuelo en las personas que para ese entonces aún no entendían la parte liberal del sexo, viéndolo como algo malo y escandaloso. Pero este tipo de negocio llego al país para quedarse, ya que cada vez son más los chilenos que aceptan y se atreven a probar cosas nuevas, en especial con el sexo.
Tiendas de estas hay varias; en el centro, en Providencia, por Los Leones, en distintas partes se pueden encontrar. La mayoría de los sex shop están ubicados en galerías de locales comerciales y se logran distinguir por los grandes carteles con mujeres en provocativa ropa interior o por los artefactos fálicos que se ven desde las vitrinas.
Dentro se encuentra de todo, desde las cosas más básicas como una película triple x, un simple consolador, pasando por condones comestibles, vibradores de todos los tamaños y colores, anillos estimuladores de silicona, lencería sexy para novias, disfraces y también utensilios para practicar el sadomasoquismo.
“Este es un excelente negocio, tenemos clientes frecuentes, que cada cierto tiempo vienen y preguntan, ¿Qué tienes de nuevo?, hay mucha gente que les gusta experimentar en el ámbito sexual. Cuando vienen por primera vez se nota, porque son como tímidos, entran haciéndose los lesos, pero al rato, al ver todo lo que ofrecemos se sueltan y ya dejan el pudor a un lado. También ha pasado que hay gente que entra y se va rápidamente, horrorizada”. Cuenta Javier Sepúlveda, quien es vendedor de un sex shop, ubicado en el paseo Las Palmas de Providencia.
No hay duda de que hay personas que se atreven a jugar con las diferentes oportunidades que el sexo ofrece, como es el caso de Fernanda López, quien cuenta que con su pololo son algo “cachondos”, en el sentido sano de la palabra, “nos encanta probar cosas nuevas con el sexo y salir de lo cotidiano, es súper rico y bueno como pareja. No tiene nada de malo, de hecho yo creo que las personas que piensan mal de cosas como los sex shop, o cosas que tengan que ver con la apertura de mente, ante el sexo en general, es porque nunca han probado algo más que lo típico en la cama y bueno… hablan desde la ignorancia, porque de más que si lo prueban les gustaría”. Expresa, quien es clienta de aquel local.
Con todos los elementos que se encuentran en estas tiendas, es sólo cosa de dejar volar la imaginación y volver realidad todos esos sueños y fantasías eróticas que se guardan como los más íntimos placeres ocultos.
Mentes liberales, ideales abiertos a todo tipo de situaciones, puede ser perversión o un simple pasatiempo, digno de juzgar o talvez de aplaudir. Quizás cuantas personas sueñan con entrar a un café con pierna, ver una película en un cine porno y comprar algún elemento sexual en un sex shop. Pero los cohíbe el pudor, los vence la vergüenza y terminan por acumular las ganas de atreverse y dejarse llevar por sus más bajos instintos, reprimiéndose y en ocasiones criticando a quienes si se atreven a realizar este recorrido.
Las opciones están claras, en Santiago se pueden encontrar muchos lugares subidos de tono, opciones hay a destajo. Sólo es cosa de soltar las riendas de la imaginación, hacer caso a las ganas y dejar la vergüenza de lado. Miles de chilenos se atreven. ¿Te atreves tú también?