Excentricidades santiaguinas
Por Cecilia Rodríguez
Una selección de lugares curiosos y dignos de mencionar en cuanto a rareza se refiere. Gente y situaciones fuera de lo común que hacen de Santiago de Chile, la capital del país y de las cosas freaks. Un ranking excéntrico de lugares santiaguinos, zonas que dan origen a la mítica urbanidad que se vive en Santiago y que al poco tiempo se expande a regiones.
Algo freak se entiende como algo fuera de común o algo excéntrico, por ende se puede entender como un antónimo para la palabra normal. Pero… ¿Qué es normal? El concepto de normal es tan subjetivo como lo es el de la belleza.
En términos generales y con ejemplo: para una persona políticamente correcta y conservadora, el hecho de que una pareja conviva antes del matrimonio es algo completamente anormal, incluso algunos pueden considerar tal hecho casi aberrante y digno de la desheredación de cualquier bien.
En cambio para alguien más liberal es un hecho completamente normal, casi un paso a seguir, previo al matrimonio, para saber que tan compatibles pueden ser las personas en la convivencia diaria. Por lo que convivir sin estar casados no tiene nada de extraño para ellos.
Aclarado como puede ser tan subjetivo algo normal o anormal. A continuación un ranking de los cinco lugares más freaks de Santiago. Sin juzgar ni criticar a nadie, teniendo en claro que algo freak no es calificado como algo malo, talvez tampoco es bueno, sólo se puede decir que… es diferente.
QUINTO LUGAR
Portal Lyon
Justo en la esquina norponiente de las calles Ricardo Lyon con Providencia, se encuentra unos de los centros comerciales más excéntricos de la capital. En este lugar se puede encontrar todo tipo personas, desde pre-adolescentes en busca de su propia identidad - creyendo que la encontrarán entre pearcings, tatuajes, tiendas punks y pokemonas, etc - hasta adultos ya formados, que sufren del síndrome “Peter Pan”, quienes se pasean cada cierto tiempo por esta galería buscando lo nuevo en juegos de Play Stations, o del póster de su grupo de metal favorito que aún no tienen colgado en su pieza.
“Acá vienen sobre todo escolares, típico que después de clases se pasan para acá, o cuando hacen la cimarra también. La mayoría son pokemones, sobre todo en esta tienda que es la favorita de ellos, para las niñitas más que nada, tenemos todos los accesorios que usan, las cintitas para el pelo, collares, pulseras, bolsos, todo lo que las pokemonas quieran usar lo encuentran acá” cuenta María José Reyes, quien trabaja en la tienda Sonica en el Portal Lyon.
En este lugar diversidad hay de sobra. Los metaleros se mezclan con góticos, punks, otakus, pokemones, visuals y cuanta tribu urbana exista. Haciendo del Portal Lyon uno de los lugares más míticos y freaks de Providencia.
CUARTO LUGAR
Convento de monjas
Sin críticas, ni reproches, un lugar que sin dudas es totalmente freak es un convento. Ninguno en particular, si no que los conventos en general. El hecho de que mujeres que tienen en común haber entregado su vida a Dios, vivan en conjunto, sin más obligaciones que rezar practicamente las 24 horas del día y estén restringidas de los placeres carnales que la vida ofrece, es algo espeluznante para Josefina Contreras, quien casi se convierte en una religiosa, pero que desistió de ello, al darse cuenta de lo que viviría y sobre todo al conocer al amor de su vida.
“Siempre he sido muy católica, de esas que van a misa todos los domingos, participaba en la pastoral de mi colegio, no me perdía la misa del Gallo para navidad, la del Domingo de Ramos, etc. Eso se lo debo a mis padres, ya que ellos me enseñaron así.
Cuando estaba en el colegio era re nerd, no era de salir mucho, de hecho tenía muy pocos amigos, era súper estudiosa y bien dedicada a Dios, por eso decidí entrar a un convento cuando saliera del colegio y entregar toda mi vida a Dios. Pero mis padres, siendo tan católicos, no estaban muy de acuerdo con mi decisión, ellos querían que estudiara algo, por eso entre a la universidad a estudiar pedagogía en inglés”.
Fue ahí donde Josefina descubrió todo un mundo que antes no conocía, tuvo amigos, intereses por otras cosas que no fueran sólo los estudios, sin dejarlos de lado, claro.
“Y conocí a mi actual pololo y el amor de mi vida. Por eso desistí de entrar a un convento, porque en lo personal creo que para ser monja es porque algo te faltó en la vida y por eso te decides a entregarle tu vida al Sseñor, pero a mi ya no me falta nada, tengo una carrera, un novio con el cual pronto me casaré, un buen trabajo en un colegio católico, sigo siendo devota pero sin las exageraciones que tiene ser una religiosa”, confiesa la profesora de ingles de 28 años.
Ya sea bueno entregar la vida a la pulcritud y santidad, de normal tiene poco y en Santiago podemos encontrar varios conventos, por lo que se podría decir que la capital está llena de mujeres freaks, que optan por vivir en lugares freaks. ¡Ojo! Sin ofender.
TERCER LUGAR
El Metro
Sí, el transporte público también es uno de los lugares más freak que existe en Santiago, particularmente el Metro, que es donde se puede encontrar todo tipo de personas, desde el ejecutivo que le tocó restricción vehicular, hasta el obrero de la construcción que hace el mismo recorrido de su casa al trabajo, todos los días.
En este lugar también se encuentran representantes de todas las tribus urbanas, hay pingüinos, universitarios, señoras con guagua, niñas embarazadas, abuelitas que pelean por su asiento, señores que se enojan por que las abuelitas no consiguen el asiento, personas sentadas en el suelo, guardias que retan a las personas que van sentada en el suelo, lanzas que andan pendientes de qué robar a la rápida, personas besuqueándose eufóricamente como si nadie los mirara, en fin.
Hay de todo y para todo, cada uno inmerso en su propio mundo. Pero si prestas atención, podrás enterarte de la vida de más de una persona que no conoces y quizás no conocerás nunca, pero con sólo escuchar unos minutos de la conversación de algunos pasajeros te enteras de toda su vida, problemas, amores y desamores.
“La pega aquí es más que asegurarse que todo marche con normalidad, hay veces que llegan personas con problemas y te los cuentan como si uno pudiera solucionarlos y uno está aquí para atender a la gente, entonces a pesar de que es molesto a veces, no queda más que hacerse el ánimo y escucharlos, al fin y al cabo es todo lo que piden.” Comenta Jaime Sánchez, quien trabaja como guardia de seguridad en el Metro.
No está fijo en una estación particular por lo que comenta, “sin duda las estaciones más freak son las combinaciones, y peor aún a la hora punta en la tarde. Como que a esa hora toda la gente va cansada de vuelta a la casa y eso los pone de mal humor, hay que estar más atento que nunca a los lanzas y a que no se armen pleitos en los andenes, ya que hay tanta gente aglomerada que una simple pelea puede causar pánico.
Imagínate como fue una vez que un hombre, porque fue pasado a llevar sin querer, sacó un cuchillo. Esa si que fue una situación muy tensa, le gente estaba espantada, pero gracias a Dios, nada grave paso, nadie salio herido, el hombre del cuchillo fue expulsado del Metro y dejado en manos de Carabineros”.
SEGUNDO LUGAR
Carrete pokemón
Día domingo, aún no son las cuatro de la tarde y el frontis de Luxor, no da a basto, las ganas de ingresar al local es evidente, cada vez llegan más niños jugando a ser adultos y el ambiente se hace más urbano. Pelos lisos, chasquillas teñidas, muchas pulseras fluor, y una guerra de féminas por tener más pinches en sus cabezas, es lo que marca las tardes de fiestas pokemónas. Con sólo tener $1.500.- se puede ingresar a la capital de “pokelandia”, como se refieren cuando hablan del local.
“Vengo a “poncear”, espero toda la semana este día, mi viejo me viene a dejar y a buscar, en ese sentido no hay drama. Con mis compañeras nos juntamos en la entrada y nos tomamos unas “chelas” antes de entrar, ya que adentro no venden copete” afirma Alejandra Fuenzalida, estudiante de segundo medio.
Claramente el cheack to cheack de nuestros abuelos y el olvidado General junto a Sandi y Papo; y grupos que marcaron el paso de la pre-adolescencia a la adolescencia de generaciones pasadas, se quedaron en el atrás. Niñas meneando el trasero sin importar exhibir sus cuerpos, excitan a los pokemónes que ansiosos se encuentran por poncear.
Al parecer, la sensualidad quinceañera ya es común dentro de este círculo, a pesar de su corta edad, el pudor no es parte de su vida, lo que años atrás niños de esa edad no se atrevían ni a pensar por vergüenza, hoy es pan de cada día.
“La conducta que tienen los jóvenes se debe a una apertura sexual, esto quiere decir que los chicos comienzan a descubrir su sexualidad a más temprana edad. De ahí es que derivan los bailes más eróticos, más sensuales y más provocativos”, cuenta la Sicóloga María Angélica Rojas.
PRIMER LUGAR
Barrio República
El mítico barrio universitario de Santiago, es un exponente fiel de lo freak que hay en la cuidad capitalina. Por cada casa universitaria existente en la zona hay al menos tres bares o pubs, que abren sus puertas al medio día para cerrarlas a la media noche y eso si la clientela presente lo permite, “él que se instala acá con un negocio para estudiantes gana plata”, expresa Pedro Quezada, administrador del pub Makalú, ubicado en la calle Salvador Sanfuentes entre las calles República y Echaurren.
“A toda hora hay gente, desde que abrimos para el público a eso de las 12 del día. El horario más frecuente es a la hora de almuerzo y después, a eso de las cuatro, cinco de la tarde en adelante. Ahí ya no damos abasto con las mesas”, agrega Quezada. El local es algo oscuro, iluminado con luces de colores y el reggaeton no para de sonar, hay un wutlitzer que toca durante toda la jornada y sus videos son reproducidos por unos plasmas que hay colgados en los costados del local.
En frente de Makalú se encuentra otro pub, el Cerveza, dentro la misma onda del otro, este talvez es un poco más ochentero, la música que ahí se puede escuchar es más estilo; Enanitos Verdes, Soda Estereo, etc, pero cuando el local está de lo más prendido y repleto, sin duda el reggaeton es lo que más suena.
Por los alrededores se pueden encontrar más locales frecuentados por universitarios cansados y estresados que necesitan un momento de relajo y que van en busca de su ansiada cuota de cerveza diaria, ya que la “chela”, es lo que más se consume en estos bares.
Nombres como: Baricomnio, Rapa-Nui (más conocido como el Rapa), El Camaleón, La Terraza, Las Leñas, etc. Son muy reconocidos entre los estudiantes. Son lugares que en marzo comienzan con sus agitados días de laburo, más agitados incluso que en el verano, ya que los más de 30 mil universitarios que comienzan su año académico se encargan de hacer el negocio fructífero, día a día.
“Es como sagrado después de clases pasar por unas chelas y después por un completo, pal bajón po.” Señala Eduardo Rojas, estudiante de Odontología de la Andrés Bello.
Así como lo menciona Eduardo, existe un local donde venden completos italianos gigantes tan sólo por 500 pesos, “El Bajón de República” se llama el negocio y al igual que los bares es muy frecuentado, dentro hay mesas de pool que nunca están vacías y los ases y completos no paran de venderse en todo el día.
Y que no le extrañe si va por la calle República y bajo la sombra que brindan los frondosos árboles que se encuentran en las primeras cuadras de la calle, ve a grupos de jóvenes universitarios disfrutando de la noble pachamama y están compartiendo fraternalmente algún pito de marihuana. Ya que en el barrio República, todo puede suceder.
En términos generales y con ejemplo: para una persona políticamente correcta y conservadora, el hecho de que una pareja conviva antes del matrimonio es algo completamente anormal, incluso algunos pueden considerar tal hecho casi aberrante y digno de la desheredación de cualquier bien.
En cambio para alguien más liberal es un hecho completamente normal, casi un paso a seguir, previo al matrimonio, para saber que tan compatibles pueden ser las personas en la convivencia diaria. Por lo que convivir sin estar casados no tiene nada de extraño para ellos.
Aclarado como puede ser tan subjetivo algo normal o anormal. A continuación un ranking de los cinco lugares más freaks de Santiago. Sin juzgar ni criticar a nadie, teniendo en claro que algo freak no es calificado como algo malo, talvez tampoco es bueno, sólo se puede decir que… es diferente.
QUINTO LUGAR
Portal Lyon
Justo en la esquina norponiente de las calles Ricardo Lyon con Providencia, se encuentra unos de los centros comerciales más excéntricos de la capital. En este lugar se puede encontrar todo tipo personas, desde pre-adolescentes en busca de su propia identidad - creyendo que la encontrarán entre pearcings, tatuajes, tiendas punks y pokemonas, etc - hasta adultos ya formados, que sufren del síndrome “Peter Pan”, quienes se pasean cada cierto tiempo por esta galería buscando lo nuevo en juegos de Play Stations, o del póster de su grupo de metal favorito que aún no tienen colgado en su pieza.
“Acá vienen sobre todo escolares, típico que después de clases se pasan para acá, o cuando hacen la cimarra también. La mayoría son pokemones, sobre todo en esta tienda que es la favorita de ellos, para las niñitas más que nada, tenemos todos los accesorios que usan, las cintitas para el pelo, collares, pulseras, bolsos, todo lo que las pokemonas quieran usar lo encuentran acá” cuenta María José Reyes, quien trabaja en la tienda Sonica en el Portal Lyon.
En este lugar diversidad hay de sobra. Los metaleros se mezclan con góticos, punks, otakus, pokemones, visuals y cuanta tribu urbana exista. Haciendo del Portal Lyon uno de los lugares más míticos y freaks de Providencia.
CUARTO LUGAR
Convento de monjas
Sin críticas, ni reproches, un lugar que sin dudas es totalmente freak es un convento. Ninguno en particular, si no que los conventos en general. El hecho de que mujeres que tienen en común haber entregado su vida a Dios, vivan en conjunto, sin más obligaciones que rezar practicamente las 24 horas del día y estén restringidas de los placeres carnales que la vida ofrece, es algo espeluznante para Josefina Contreras, quien casi se convierte en una religiosa, pero que desistió de ello, al darse cuenta de lo que viviría y sobre todo al conocer al amor de su vida.
“Siempre he sido muy católica, de esas que van a misa todos los domingos, participaba en la pastoral de mi colegio, no me perdía la misa del Gallo para navidad, la del Domingo de Ramos, etc. Eso se lo debo a mis padres, ya que ellos me enseñaron así.
Cuando estaba en el colegio era re nerd, no era de salir mucho, de hecho tenía muy pocos amigos, era súper estudiosa y bien dedicada a Dios, por eso decidí entrar a un convento cuando saliera del colegio y entregar toda mi vida a Dios. Pero mis padres, siendo tan católicos, no estaban muy de acuerdo con mi decisión, ellos querían que estudiara algo, por eso entre a la universidad a estudiar pedagogía en inglés”.
Fue ahí donde Josefina descubrió todo un mundo que antes no conocía, tuvo amigos, intereses por otras cosas que no fueran sólo los estudios, sin dejarlos de lado, claro.
“Y conocí a mi actual pololo y el amor de mi vida. Por eso desistí de entrar a un convento, porque en lo personal creo que para ser monja es porque algo te faltó en la vida y por eso te decides a entregarle tu vida al Sseñor, pero a mi ya no me falta nada, tengo una carrera, un novio con el cual pronto me casaré, un buen trabajo en un colegio católico, sigo siendo devota pero sin las exageraciones que tiene ser una religiosa”, confiesa la profesora de ingles de 28 años.
Ya sea bueno entregar la vida a la pulcritud y santidad, de normal tiene poco y en Santiago podemos encontrar varios conventos, por lo que se podría decir que la capital está llena de mujeres freaks, que optan por vivir en lugares freaks. ¡Ojo! Sin ofender.
TERCER LUGAR
El Metro
Sí, el transporte público también es uno de los lugares más freak que existe en Santiago, particularmente el Metro, que es donde se puede encontrar todo tipo de personas, desde el ejecutivo que le tocó restricción vehicular, hasta el obrero de la construcción que hace el mismo recorrido de su casa al trabajo, todos los días.
En este lugar también se encuentran representantes de todas las tribus urbanas, hay pingüinos, universitarios, señoras con guagua, niñas embarazadas, abuelitas que pelean por su asiento, señores que se enojan por que las abuelitas no consiguen el asiento, personas sentadas en el suelo, guardias que retan a las personas que van sentada en el suelo, lanzas que andan pendientes de qué robar a la rápida, personas besuqueándose eufóricamente como si nadie los mirara, en fin.
Hay de todo y para todo, cada uno inmerso en su propio mundo. Pero si prestas atención, podrás enterarte de la vida de más de una persona que no conoces y quizás no conocerás nunca, pero con sólo escuchar unos minutos de la conversación de algunos pasajeros te enteras de toda su vida, problemas, amores y desamores.
“La pega aquí es más que asegurarse que todo marche con normalidad, hay veces que llegan personas con problemas y te los cuentan como si uno pudiera solucionarlos y uno está aquí para atender a la gente, entonces a pesar de que es molesto a veces, no queda más que hacerse el ánimo y escucharlos, al fin y al cabo es todo lo que piden.” Comenta Jaime Sánchez, quien trabaja como guardia de seguridad en el Metro.
No está fijo en una estación particular por lo que comenta, “sin duda las estaciones más freak son las combinaciones, y peor aún a la hora punta en la tarde. Como que a esa hora toda la gente va cansada de vuelta a la casa y eso los pone de mal humor, hay que estar más atento que nunca a los lanzas y a que no se armen pleitos en los andenes, ya que hay tanta gente aglomerada que una simple pelea puede causar pánico.
Imagínate como fue una vez que un hombre, porque fue pasado a llevar sin querer, sacó un cuchillo. Esa si que fue una situación muy tensa, le gente estaba espantada, pero gracias a Dios, nada grave paso, nadie salio herido, el hombre del cuchillo fue expulsado del Metro y dejado en manos de Carabineros”.
SEGUNDO LUGAR
Carrete pokemón
Día domingo, aún no son las cuatro de la tarde y el frontis de Luxor, no da a basto, las ganas de ingresar al local es evidente, cada vez llegan más niños jugando a ser adultos y el ambiente se hace más urbano. Pelos lisos, chasquillas teñidas, muchas pulseras fluor, y una guerra de féminas por tener más pinches en sus cabezas, es lo que marca las tardes de fiestas pokemónas. Con sólo tener $1.500.- se puede ingresar a la capital de “pokelandia”, como se refieren cuando hablan del local.
“Vengo a “poncear”, espero toda la semana este día, mi viejo me viene a dejar y a buscar, en ese sentido no hay drama. Con mis compañeras nos juntamos en la entrada y nos tomamos unas “chelas” antes de entrar, ya que adentro no venden copete” afirma Alejandra Fuenzalida, estudiante de segundo medio.
Claramente el cheack to cheack de nuestros abuelos y el olvidado General junto a Sandi y Papo; y grupos que marcaron el paso de la pre-adolescencia a la adolescencia de generaciones pasadas, se quedaron en el atrás. Niñas meneando el trasero sin importar exhibir sus cuerpos, excitan a los pokemónes que ansiosos se encuentran por poncear.
Al parecer, la sensualidad quinceañera ya es común dentro de este círculo, a pesar de su corta edad, el pudor no es parte de su vida, lo que años atrás niños de esa edad no se atrevían ni a pensar por vergüenza, hoy es pan de cada día.
“La conducta que tienen los jóvenes se debe a una apertura sexual, esto quiere decir que los chicos comienzan a descubrir su sexualidad a más temprana edad. De ahí es que derivan los bailes más eróticos, más sensuales y más provocativos”, cuenta la Sicóloga María Angélica Rojas.
PRIMER LUGAR
Barrio República
El mítico barrio universitario de Santiago, es un exponente fiel de lo freak que hay en la cuidad capitalina. Por cada casa universitaria existente en la zona hay al menos tres bares o pubs, que abren sus puertas al medio día para cerrarlas a la media noche y eso si la clientela presente lo permite, “él que se instala acá con un negocio para estudiantes gana plata”, expresa Pedro Quezada, administrador del pub Makalú, ubicado en la calle Salvador Sanfuentes entre las calles República y Echaurren.
“A toda hora hay gente, desde que abrimos para el público a eso de las 12 del día. El horario más frecuente es a la hora de almuerzo y después, a eso de las cuatro, cinco de la tarde en adelante. Ahí ya no damos abasto con las mesas”, agrega Quezada. El local es algo oscuro, iluminado con luces de colores y el reggaeton no para de sonar, hay un wutlitzer que toca durante toda la jornada y sus videos son reproducidos por unos plasmas que hay colgados en los costados del local.
En frente de Makalú se encuentra otro pub, el Cerveza, dentro la misma onda del otro, este talvez es un poco más ochentero, la música que ahí se puede escuchar es más estilo; Enanitos Verdes, Soda Estereo, etc, pero cuando el local está de lo más prendido y repleto, sin duda el reggaeton es lo que más suena.
Por los alrededores se pueden encontrar más locales frecuentados por universitarios cansados y estresados que necesitan un momento de relajo y que van en busca de su ansiada cuota de cerveza diaria, ya que la “chela”, es lo que más se consume en estos bares.
Nombres como: Baricomnio, Rapa-Nui (más conocido como el Rapa), El Camaleón, La Terraza, Las Leñas, etc. Son muy reconocidos entre los estudiantes. Son lugares que en marzo comienzan con sus agitados días de laburo, más agitados incluso que en el verano, ya que los más de 30 mil universitarios que comienzan su año académico se encargan de hacer el negocio fructífero, día a día.
“Es como sagrado después de clases pasar por unas chelas y después por un completo, pal bajón po.” Señala Eduardo Rojas, estudiante de Odontología de la Andrés Bello.
Así como lo menciona Eduardo, existe un local donde venden completos italianos gigantes tan sólo por 500 pesos, “El Bajón de República” se llama el negocio y al igual que los bares es muy frecuentado, dentro hay mesas de pool que nunca están vacías y los ases y completos no paran de venderse en todo el día.
Y que no le extrañe si va por la calle República y bajo la sombra que brindan los frondosos árboles que se encuentran en las primeras cuadras de la calle, ve a grupos de jóvenes universitarios disfrutando de la noble pachamama y están compartiendo fraternalmente algún pito de marihuana. Ya que en el barrio República, todo puede suceder.