martes, 30 de noviembre de 2010

Amanecer de un Viernes

Por Cecilia Rodríguez U.

Viendo el amanecer, comprendí ciertas cosas en las que antes no había pensado, como que; el sol sale hacia el lado suroriente de mi edificio y que los pajaritos cantan como compitiendo entre ellos por ver quien canta más fuerte o más lindo.

Que es más agradable el efecto “crepúsculo” de la mañana, quizás porque se sabe que cuando pasa queda todo claro en vez de oscuro y que el café sabe distinto cuando se bebe contemplando el amanecer.

Qué así como algunas personas recién regresan a sus casas después de una larga noche de éxtasi y jolgorio, hay otras que con esfuerzo y entereza comienzan un día más de trabajo.

Que es imposible mirar la cordillera apenas iluminada y no pensar en la grandeza del universo, sintiéndose tan pequeño como una partícula de polvo que flota en el aire.

Que a las 6 de mañana ya hay conductores temerarios al volante por las calles capitalinas y que es la hora justa en dónde termina la paz que apenas alcanza a envolver la frenética ciudad, por un par de horas.

Sin embargo, lo más importante de todo lo que entendí, en un amanecer de viernes, fue que pese a creer que pensaba en cualquier otra cosa, mientras escribía estas líneas, sólo pensaba en ti.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Hoy…

Por Cecilia Rodríguez U.

Lavé loza, canté en la ducha, hablé por teléfono con un centroamericano que no conozco, escuché canciones que antes no había oído, me lavé los dientes más de 3 veces, quebré un jarro de jugo, extrañé en demasía, me ilusioné con poco y me desilusione con mucho menos. Inventé una nueva utopía, compartí secretos que no había compartido, lloré algunas lagrimas que limpiaron mi alma, creé un par de versos, bailé al son de melodías electrizantes, fui feliz por alegrías ajenas y sufrí con penas de otros. Perdí el tiempo como siempre, me inspiré como nunca, caminé poco, me reí con ataque, me asusté un rato, Tomé unas cuantas cervezas y no fumé ni un cigarro. Tarareé una canción que no me sé bien, esperé lo que nunca llega, mentí una vez, pensé harto, dije menos de lo que debí, vi niños jugar en el patio, me enternecí con la mirada inocente de un bebé y me convencí de que no es tan loco creer en los sueños. Leí cosas interesantes, escribí palabras sin sentido, supe que para alguien soy especial, me acordé de mi abuelo, medité sobre el amor y aprendí que éste no es eterno. Defendí lo que creo justo, toleré lo que no comprendo, amé con locura, falté a clases, dejé sonar el teléfono mucho rato antes de contestar, odié sin quererlo, perdí la fe por un momento, me derroté como cobarde, vi llover luz y me levanté otra vez.

Hoy hice y dejé de hacer muchas cosas, me extravié de mí pero me encontré a tiempo y recuperé las ganas de cambiar el mundo. Hoy quiero que mi mañana sea igual que el ayer que alguna vez soñé.